8.11.06
29.3.06
28.3.06
POETA DESCARRILADO 

La ciudad está toda llena de paredes.
Las hay altas e imponentes, luminosas de soles implacables,
y las hay precarias, rajadas de tiempo, desnudas.
Las hay sólidas,
de ladrillos perfectamente apilados,
recién horneados,
y las hay también con los huesos de barro carcomido,
a la vista
las chapas abolladas y torcidas,
las maderas picoteadas de musgo.
Las paredes de la ciudad saben hablar
un idioma hecho de silencios y frases breves.
Algunas (de las más ignorantes)
solo aprendieron el “Prohibido pasar”, pobrecitas.
Son paredes tristes,
con unos pocos ojos sin mirada
y largas pestañas de hierro,
la boca siempre cerrada
bajo labios de siete llaves.
Son paredes que encierran y no cobijan.
Las cárceles están llenas de ellas. Y no son las únicas.
Hay otras que dicen “Aquí vive gente alegre”.
Otras que gritan “Vuelvan”.
Y otras que pregonan un “Vengan, aquí pasan muchas cosas”.
Lindas paredes de escuela,
pintadas a pelotazos,
a fuerza de torpes corazones
de tiza
atravesados por flechas.
Pero hay otras abandonadas.
Paredes que perdieron la voz,
que se quedaron mudas
de indiferencia ajena,
casi solas. Con suerte, cada tanto
aparece un aerosol fugaz
que las salva del olvido.
Apenas eso. Apenas tanto como eso.
Pues bien…
Hay unos tipos sueltos por ahí
que ven en ellas un impecable cuaderno.
Son un par de locos
que andan con la memoria afilada,
los pinceles despiertos y las ganas alertas.
Arremeten con los tachos que chorrean de colores
y de golpe uno ve que la pared se despereza,
parpadea de sueño, se dispone.
Y le empiezan a crecer imágenes por todas partes,
gritos paridos a brochazo limpio y prolijamente delineados,
gente,
sobre todo gente y más gente que nos cuenta
de otra gente que fue, de gente que es, y que será.
Y entonces sucede
que la pared se pone eufórica,
y es capaz ella misma de suavizar sus incontables rugosidades
para recibir la caricia de la cerda empapada,
y de agrandarse un metro más para que quepa
esa bandera, ese rostro, ese poema.
Por suerte, la alegría es una enfermedad contagiosa.
Nosotros lo hemos comprobado, cada uno
estampando un trocito de aquella maravilla,
con toda la lluvia pisándonos los talones.
Una tarde prodigiosa
en que hubo música, y hubo vino, y hubo fiesta,
y cansancio y final entrelazado de amigos
que se palmean las espaldas satisfechos,
que brindan a la salud del esfuerzo mancomunado.
Pero maldita sea, señores… nada dura demasiado.
esos tipos… verán… no hay quien los cure:
Ya están pensando en la próxima pared.
Raúl Aguirre
2 / 5 / 06


La ciudad está toda llena de paredes.
Las hay altas e imponentes, luminosas de soles implacables,
y las hay precarias, rajadas de tiempo, desnudas.
Las hay sólidas,
de ladrillos perfectamente apilados,
recién horneados,
y las hay también con los huesos de barro carcomido,
a la vista
las chapas abolladas y torcidas,
las maderas picoteadas de musgo.
Las paredes de la ciudad saben hablar
un idioma hecho de silencios y frases breves.
Algunas (de las más ignorantes)
solo aprendieron el “Prohibido pasar”, pobrecitas.
Son paredes tristes,
con unos pocos ojos sin mirada
y largas pestañas de hierro,
la boca siempre cerrada
bajo labios de siete llaves.
Son paredes que encierran y no cobijan.
Las cárceles están llenas de ellas. Y no son las únicas.
Hay otras que dicen “Aquí vive gente alegre”.
Otras que gritan “Vuelvan”.
Y otras que pregonan un “Vengan, aquí pasan muchas cosas”.
Lindas paredes de escuela,
pintadas a pelotazos,
a fuerza de torpes corazones
de tiza
atravesados por flechas.
Pero hay otras abandonadas.
Paredes que perdieron la voz,
que se quedaron mudas
de indiferencia ajena,
casi solas. Con suerte, cada tanto
aparece un aerosol fugaz
que las salva del olvido.
Apenas eso. Apenas tanto como eso.
Pues bien…
Hay unos tipos sueltos por ahí
que ven en ellas un impecable cuaderno.
Son un par de locos
que andan con la memoria afilada,
los pinceles despiertos y las ganas alertas.
Arremeten con los tachos que chorrean de colores
y de golpe uno ve que la pared se despereza,
parpadea de sueño, se dispone.
Y le empiezan a crecer imágenes por todas partes,
gritos paridos a brochazo limpio y prolijamente delineados,
gente,
sobre todo gente y más gente que nos cuenta
de otra gente que fue, de gente que es, y que será.
Y entonces sucede
que la pared se pone eufórica,
y es capaz ella misma de suavizar sus incontables rugosidades
para recibir la caricia de la cerda empapada,
y de agrandarse un metro más para que quepa
esa bandera, ese rostro, ese poema.
Por suerte, la alegría es una enfermedad contagiosa.
Nosotros lo hemos comprobado, cada uno
estampando un trocito de aquella maravilla,
con toda la lluvia pisándonos los talones.
Una tarde prodigiosa
en que hubo música, y hubo vino, y hubo fiesta,
y cansancio y final entrelazado de amigos
que se palmean las espaldas satisfechos,
que brindan a la salud del esfuerzo mancomunado.
Pero maldita sea, señores… nada dura demasiado.
esos tipos… verán… no hay quien los cure:
Ya están pensando en la próxima pared.
Raúl Aguirre
2 / 5 / 06

PERDON GABY ! ! !

(el texto de abajo es algo que escribió Gaby después de este homenaje en las viejas paredes del Hospital Piñeiro)
Una pared terminó siendo más de tres, y una idea terminó siendo mil en tantas cabezas. La energía parecía interminable, moviendo a los cuerpos a fuerza de sol o de música, de mate o encuentro o cualquiera de los ingredientes de esa tarde que parecía ser un mural aparte, de esos que quedan pintados en la memoria a prueba de todo solvente.
Durante aquellas horas, fuimos y vinimos como los mismos pinceles, alegres, llenos de colores, dejando un rastro pequeño que formaba una parte coherente de un dibujo colectivo... En la pared, una pareja a punto del beso; en la calle, el intento desesperado por recuperar ese momento fantasmal que no fue, ese beso que no se dio una vez. En la pared, un ave rapaz volando concienzudamente por aquellos lugares que debe vigilar (la ignorancia, la carencia, la desmemoria, la inacción); en la calle todo aquello que se rebela ante la vigilia del ave rapaz, buscando bajarla de un hondazo, o de varios. En la pared, un puñado de luchadores que miran como esperando una retribución al haber dado su vida; en la calle, esa misma retribución hecha carne en la continuación de la lucha. En la pared, una junto a otra las banderas de la Latinoamérica unida que soñamos; en la calle, una minúscula porción, un ínfimo ejemplar, una muestra gratis del continente que queremos (multiplique esa esquina en todas las esquinas y obtendrá el sueño concretado). En la pared, compañeros abrazados y una frase en homenaje; en la calle, compañeros abrazados, mirando aquella frase, pero abrazados... Así de atónitos nos dejó tanta alegría concentrada en una tarde. Así de cansadas las piernas, sin darnos cuenta de las horas que nos mantuvimos en pie, y valga reflexionar cuán en pie nos hemos mantenido esa tarde, en todos los sentidos imaginables... ¿Una chispa de esperanza? ¿Una muestra de memoria? ¿Un grito libre clamando por justicia y por la lucha sostenida contra la represión diaria? Todo eso, resumido en una idea mucho más simple: la vida, así como la quisiera en cada tarde de Domingo.

GRONE DE LUCA Y EL MAESTRO JORGE MOLINA

¡¡¡qué grande muchachos!!!. Felicitaciones a todos los que participaron, los que pintaron, los del ctro cult, los músicos, los que cocinaron, que barrieron, que juntaron cosas, que trajeron cosas... al Grone, que dirigió y le complicó la existencia a varios que igual lo siguen queriendo, a los "grandes aprendices y pequeños pintores"... Hacer esto es una prueba de que "podemos"... y como dijo el amigo Gelman: "...Ni a irse ni a quedarse, a resistir,..."Un saludo para todos. Jorge

Juan

(Algo que escribió Juan, un murguero, un compañero.)
La escalera que contiene, esa lata que se mueve, el filetero propone, una imagen muy grosera, las cabezas dicen si, el blanco no alcanza, los recuerdos nos pintan, el matemático hoy no mira, los chori se quema, un desaparecido es presente, el pincel no hace caso, las banderas me convocan, otro trazo no imagino, el chapista si nos mira, un verso no se pierde, esa mano no saluda, el canto nos reclama, el solvente se evapora, los sueños que se cumplen, la mesa se rebalsa, el revoque que se suelta, los problemas ya no existen, el beso no se da, el alargue queda corto, pinto ahora, esa cara esta muy triste, el marrón no se uso, pintor soy de paredes, donde apoyo, esa murga que acompaña, los vecinos están allí, y los sueños no se rompen, ese tipo... otra vez... a empezar el mural ya esta hecho.

(Alejandra desde la Patagonia Argentina)
Hasta cuándo la Argentina seguirá pariendo hijos ciegos, desmemoriados, gente que ajena al dolor y el horror que se vivió sigue afirmando que “en la época de la dictadura se vivía mejor”? Difícil de entender, duelen los oídos al escucharlo….
Los que lo vivimos, aún siendo niños, jamás vamos a olvidarlo: las llamadas anunciando bombas; las amenazas a familiares de lo que nos podía y les podìa pasar si no… ; los famosos falcon verde a los que saludábamos incrédulamente de tanto verlos seguirnos a todos lados, sin entender de qué se trataba ni por què la vieja se ponìa tan nerviosa cuando los veìa…los sótanos con gente escondida y atemorizada por haber contado una verdad al aire; los tiros a media noche; el sonido de la explosión que terminó con el sueño de toda la vida del abuelo y del viejo de tener una radio libre, del pueblo, donde decir la verdad, donde poder opinar y expresar ideas propias…….el miedo de despertar y de que ya no estén más…..Cuándo van a abrir los ojos para ver la verdad, o a luchar contra viento y marea por encontrarla allí donde todavía no se pudo llegar?
En nombre de los amigos y familiares que desaparecieron, de los hijos perdidos de madres inocentes y sus familiares que no pierden las esperanzas de encontrarlos….de nuestros hijos y de los hijos de nuestros hijos….GRACIAS DIEGO! por plasmar en una pared descascarada una historia que hay que contar, que no se debe ni se puede olvidar….de la cual hay que aprender para que no se vuelva a repetir nunca más.
A medida que iba viendo las fotos no podía contener las lágrimas…una historia tan triste y tan cruel tan bien representada por esas imágenes…las frases elegidas a la perfección…me caló muy hondo, y espero y ruego que a los miles de personas que día a día pasen por ese lugar les pase lo mismo que a mí: que se les pare el corazón, que sientan que tienen que mostrárselo a muchos más, para que no se detenga, para que llegue a todos y a todas partes, para que de una vez por todas y para siempre perdamos el miedo a que esto pueda volver a pasar.
Besito Diego, y no te olvides que nuestros Mapuches y desamparados acá en la Trelew te están esperando para que cuentes su historia en las paredes de nuestras escuelas….
(Ivanna)

(Primer boceto para la esquina de Varela y C. Alvarez - Hospital Piñeiro)
(El texto de abajo fue enviado como adhesión por Joan LLuís Montané desde España , Joan LLuís es un prestigioso crítico de arte, uno con mirada atenta a las expresiones con contenido social)
El Mural de la Memoria, una alegoría expresionista poética del dolor, lucha y sufrimiento
Gracias a la iniciativa del Centro Cultural y Social Flores Sur, al trabajo de los chicos del centro, a la colaboración de amigos, vecinos, artistas y a la intervención de Grone De Luca ha sido posible el Mural de la Memoria. Muestra rostros expresivos, abiertos, interrogadores, concentrados en lo más sublime de la idea, en la fuerza de lo evidente social, rememorando torturas, muertes, desparecidos, represaliados, a las gentes que con su romanticismo y sus ideas pudieron cambiar el país, Argentina, pero fueron objeto de una brutal represión.
En un mundo binario, de ying y yang, donde la violencia se emplea para conseguir fines económicos, las personas se convierten en peones de un escenario dantesco. El horror y la muerte se enseñorean de todo, inundando almas y catapultando al abismo a gentes que están vinculadas solamente por el amor y los ideales.
Este Mural de la Memoria es un homenaje a la vivencia, a la existencia. En el fondo, aunque se critique a quienes posibilitaron tal estado de cosas, supone una superación del odio y del dolor, siendo, constituyendo, un canto a la esperanza y al amor, para que no olvidemos, pero, para que el odio se disipe, la bruma se levante, el espejismo acabe, la ilusión mental desaparezca, la realidad se imponga, pero, a la vez, sea la expresión de una dinámica sugerente asentada en la virtud del entendimiento concentrada en lo sublime de la luz.
La pareja que vio interrumpido su beso, las gentes desvalidas, desnudas, acurrucadas en un rincón, casi tiritando de frío, el frío del miedo, de la falta de esperanza, porque se veían más allá en el más acá. El dinero volando en el espacio, buscando donde posarse, emergiendo de una voluntad errónea de seguir siendo ricos y acaparando bienes a costa del sufrimiento y, de incluso, vidas humanas.
Vivimos en un mundo de energías, en el que toda acción libera una parte de la misma, concentra su fuerza energética hacia una determinada dirección, orientándose hacia la evidencia, buscando la conciencia sutil, la determinación de la efervescencia, la capacidad de ser luz partiendo de la consistencia del tejido más interior. La energía libera su acción, determina sus alcances, olla en la memoria de quienes se sienten reciclados por el paso de la historia. La historia se repite, pero la humanidad avanza, el pasado se deja atrás y se construye el futuro en el presente, entendiendo que la virtud del perdonar está en la capacidad de amar. Devolver amor por odio, entendimiento por rencor, transparencia ante la firmeza de los que son sutiles y duales.
En un mundo de energías, hay que regenerar el ambiente, recuperar el amor, ser coherentes, buscar la luz para disipar las tinieblas, alejar los malos espíritus, alternar con las capacidades mentales más progresistas, para que sean estas las que dominen el planeta.
Estamos en la Era de la Mente Sabia, que guía el corazón sentido, que orienta los sentimientos, ordenando la visceralidad, alejando el maya o energía descontrolada. El maya es negativo porque gasta energía, aleja propósito, evita la construcción. Pero, para llegar al perdón hay que reconstruir la memoria, componer el puzzle, consentir hilvanar el rompecabezas sui-generis, para expresar el desarrollo de los hechos, acusando a los culpables, pero también con la intención de pasar página, de ir más allá de las circunstancias. Porque las energías han de limpiarse, ser coherentes con la luz, determinando con gestos heroicos, que la bondad debe imperar en la tierra, para construir, crear, obrar, ser solidarios, trabajar para la verdadera paz: la de espíritu y la personal. Bucear en el interior de uno mismo, mirar el vacío, sentirse en la nada, ordenar los sentimientos, ser capaz de superar cualquier locura, ir más allá de las acciones de quines siegan con hacha, empleando el pedernal para hollar en la brutalidad. Planeta sangre, lleno de tubos de ensayo conteniendo restos de exterminados, de vasos rojos, de pantallas planas que resuman imágenes de hambrunas africanas, sutnamis asiáticos, terremotos orientales, listas de desaparecidos en el Cono Sur... El Mural de la Memoria es el mural del recuerdo, que los argentinos siempre tendrán presente, habiendo sido concebido dentro de un expresionismo directo, envuelto por halos alegóricos, por emblemas emergentes, configurados en torno a la simbología irónica, recordando a los culpables de la barbarie, a quienes hicieron y desarrollaron un mundo de horrores que traumatizaron a una sociedad libre, de poética acentuada, de paso determinado, de fuerza sutil, encumbrados en lo más alto de la voluntad del poder. Un expresionismo de rostros curtidos, de caras de ojos grandes, de seres en la lucha, de hombres y mujeres que aman, lloran, ríen, lanzan flores y vítores y que, de repente, su bondad se disipa en la más lamentable melancolía, subyugándose en el detritus de prisiones inmundas. ¿Dónde estás paloma blanca que con tus alas compones música de ángeles en un entorno bello, casi paradisíaco? De improviso deja de sonar la música, se apagan los receptores sintonizadores de un fluido vital intenso, solo se escucha el rotar de los motores, aparecen los aviones, cual aves presas de misterio que surcan los cielos, en el inmenso océano y chap, chap, chap..., caen bultos llenos de vida adormilada, sumergiéndose en lo más hondo de las entrañas de la lámina de agua. Son tumbas abiertas, expuestas a los millones de algas y peces, entre los corales, surge la punta de la verdad de la vida, de seres que son almas, que poseen la inmortalidad, que podrán volver en otras reencarnaciones a seguir la vida truncada por el deseo del poder. Seres que se reencarnarán buscando hacer cosas positivas para pagarles con buenas acciones. No hay amplitud de miras entre los partidarios de las sombras, solo visión errónea, principios sesgados por la corrupción y el miedo a no tener dinero, impulsándoles a tener más, haciendo que el resto tenga menos para ellos seguir agrandando el saco del tesoro.
No hay cueva mágica de Aladino, el genio se ha ido de vacaciones, los milagros existen pero los hacen los seres de luz y no los seres del averno. El Demonio campa a sus anchas, pero la cohorte de ángeles celestiales está atenta, busca y rebusca, permitiendo salvar a todos aquellos que están en el camino de la transparencia, que, ni tan siquiera militan en ningún partido, dado que son libertad, sin cortapisas, sin eslóganes, porque al final del camino solo queda el amor, la energía desprendida, las acciones realizadas y el legado que concede la liberación a todos los que armonizan con la determinación del planeta luz. Para encontrar la luz hay que avanzar en la oscuridad, determinar donde se hallan escondidos los buenos deseos, las acciones progresistas, la mente blanca universal, quines realmente se encuentran en lo sutil emblemático del verdadero camino.
Lo más importante de este mural es que sirve de catarsis de todos los pensamientos, de las luchas intestinas, de los odios acumulados, de los años de pesar, melancolía, soledad y tristeza. La verdad sale al exterior, se desgrana lo que pasó y también se apuesta por un cambio de rumbo, por volver a creer en el amor, por ser constructivo, por dejar el pasado para poder construir el futuro. El pasado es desenmascarado, luego concretado, casi empaquetado, para volver a trabajar con el amor como norte.
El Mural de la Memoria es el Mural de la Catarsis, que permite que los sentimientos recuperen a las personas, tanto las ausentes, las que ya nunca volverán pero que también hay que ayudar y las personas que están ahí, para que su camino sea más fácil. De esta manera se les posibilitará avanzar libres de cargas, con la memoria en el futuro, superado el pasado, hallando la fe en los ideales del hoy gracias al Mural de la Memoria, fetiche de anhelos, acompañados de bailes, actuaciones de danza, conciertos de grupos musicales, cantautores, quienes, al calor de la obra muralista, recuerdan andanzas de los que aún continúan, además de los que ya no están pero que nunca se olvidarán, al margen de que sus almas siguen su evolución.
Joan Lluís MontanéDe la Asociación Internacional de Críticos de Arte


























































































































